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lunes, 7 de abril de 2008

Lunes de opio

Llevaba unos días tratando de escribir algo que valiera la pena en mi Blog. Los minutos de reflexión no daban para mucho. Hasta que, felizmente, de los dedos de mi primo salió esta pregunta inspiradora:

- "¿Por qué volteas el sentido de tus fotos? Te ves como en el espejo pero te ves raro, ¿no?"
- "¡Ah chingá!, explain your self", contesté en un inglés por demás correcto.
- Sí, hay un par de fotos que he visto tuyas de cerca donde te ves como la imagen que proyectas en el espejo. Si no fuera cámara digital te diría que "el negativo lo revelaron al revés".
Aún no salía yo de mi estupefacción cuando, orondo, insistió:
"Porque la nariz se te ve pa un lado que no lo tienes viéndote de frente".

Conversaciones como esta, son las que nos han mantenido unidos a pesar de nuestras diferencias y, sobre todo, nuestras similitudes, pensé. Y le advertí:
- "¡Ah cabrón! Antes de seguir, ¿puedo publicar esta conversación en mi Bló?
Y en plan ya, absolutamente creativo me contestó: ¿"Lunes de opio" se llamaría?
Pero ahí no paró la cosa. Mi primo tenía una duda razonable y habría que resolverla.
-"Mira, estoy viendo una foto que pusiste en tu Hi5 -la última, creo- y el copete va de izquierda a derecha pero en la realidad lo usas de derecha a izquierda".
Y en verdad me di cuenta del poco tiempo que paso frente al espejo, lo cual explicaría perfectamente bien la panza, las lonjas y demás rarezas de mi estético cuerpo.
- "Esa foto me la tomé con la computadora. Entonces es, en realidad, como un espejo", alcancé a contestar, ya de plano pegando esto en el blog.
Primo. Eres único.

miércoles, 25 de julio de 2007

Patadón

"Esta panza es demasiado pequeña para los dos", me dice Pamela por el chat.
Y no me queda más que admitir que es cierto. Este Matías ha decidido poner a prueba a su madre por más que le he insistido en que debe cuidarla porque después la va a necesitar.
Cuando pienso en la primera vez que vi a mi hijo, cuando él era un pequeño fetito indecente y apenas percpetible, y lo comparo con el pedazote de chamaco en el que se ha convertido, me dan escalofríos.
Sí, lo sé. Aún está en la panza de su madre, pero no deja de ser un pedazote de carne.
Hasta ahora, el saldo que ha dejado Mati en nuestra vida es avasallador: cambio de casa, de trabajo, una tonelada y media de ropita que va usar una vez, nuevos muebles, menos deudas, muchas visitas al doctor, nuevo vocabulario, dolores (a mi ¡cómo me ha dolido la espalda!) y un enorme costal de alegrías.
Falta un mes, mas o menos, para conocerlo y ya es parte integral de nuestras vidas. Le hablo y me patea. Lo acaricio y me patea. Su mamá come y la patea. Hemos, pues, establecido una relación basada en puras patadas.
Pues ya falta menos y de veras espero que tenga la precaución de permitir que Pamela llegue completa al parto, si no se va a meter en muchos problemas.